sábado, 2 de junio de 2007

Musicoterapia

Esta mañana en uno de los pasillos de la estación Odeón, en la que hago transferencia para ir a mi trabajo momentáneamente, había un músico de esos que tocan cualquier cosa a cambio de una moneda.

De esos hay muchos y son como las señoras que te dejan un papelito escrito a mano en las piernas y luego regresan buscando la plata sin decirte ni una palabra, o como los malandros reconvertidos (en Vzla) que te obligan a comprar las deliciosas golosinas de chocolate con sus historias aterradoras. La diferencia, es que estos son “músicos” y andan por toda la ciudad cargando con sus instrumentos o con sus plantas de pistas para cantar o tocar cualquier viejo éxito de ayer y de hoy.

De esta manera se puede oír la Macarena cantada en servio, Moliendo café en polaco o la vida en rosa en griego y con suerte alguna sinfonía de Beethoven en flauta de pan o alguna de Charles Asnavur en rap. Casi una experiencia religiosa!

Pero no, el mío era diferente, el mío era un arpista ya entrado en años, que estaba tirado en el piso, inspirado tocando música, estaba tan concentrado que solo se veía el arpa. Y estoy seguro que escogió ese pasillo por la acústica porque aunque venía como un bólido, subiendo y bajando escaleras, al oír la música me tuve que detener, aunque no por mucho tiempo, para escuchar aquel regalo matinal. Y no es que me guste el arpa, pero lo que estaba tocando se escuchaba desde la entrada del pasillo y me atraía encantado como el canto de un hada.

El músico tocaba música llanera venezolana… bueno no sabría decir, pero cualquier cosa tocada con uñas largas sobre una arpa suena a Hugo Blanco, a Venezuela.

Era como si algo me dijera que el día iba a estar muy bien, algo como la bendición que te da tu mamá cuando te vas tempranito al colegio, como si después de escuchar aquel trocito de canción, tuviera el permiso para comenzar el día con un buen pie… Yo no tomo café.

Apenas puse el pie en el andén, llegó el tren y a empujones entré en el vagón para conseguir un asiento, pero a partir de ese momento no pude dejar de sonreír y se me olvidó que estaba retrazado de 20 minutos.

6 comentarios:

Marié (enfermera venezolana) dijo...

Que lindo eso que cuentas. Yo estuve haciendo un anteproyecto acerca de "La Musicoterapia como medio de rehabilitación emocional en niños con cáncer", y comprendo la sensación que tuviste...
Es muy lindo conseguir un motivo para alegrar el nuevo día, y disfrutar de cada elemento que la vida te interponga y te regale.
Besosss...

Elier dijo...

Hola Saucisse_
Definitivamente arropas con este blog. Lo hicistes tan real que puedo sentir los acordes del arpa aqui en Cocorote. Un abrazo.
¡Bien vale un retraso de 20 minutos!!

Ozornax dijo...

Ha de ser muy refrescante estar en un país lejano y escuchar de repente nuestra música, sin esperarlo.
Saludos!!

Dabart dijo...

Wow! que bonito!... aqui tambien suenan en el metro..., a veces tocan muy mal que lo que da es lastima (jejeje) pero muchas veces tocan muuuuuy muy bien! que uno se pregunta: que hacen estos tocando aqui? porque no estan dando conciertos en algun teatro???.... Pero aun no he tenido la oportunidad de escuchar alguno de estos artistas de calle tocando algo nuestro....
Un abrazo....

Silvia dijo...

Saucisse que envidia tener esa sensacion de que todo va a estar bien! y como no sentirla ¿ cuantas probabilidades existen de que suene musica venezolana en un metro frances? una en un millon y fue tuya!

Cariños

Silvia.

Blog de LuisMA dijo...

Si, varias veces encontré a ese señor. La primera vez lo escuché en el metro y comencé a llorar. Aunque no creas, la canción Venezolana mas conocida allá es Moliendo Café, mas que cualquiera de Simón Diaz. Tamnbien hay una señora mayor que toca arpa en el metro y toca Moliendo Café. Una vez estaba comiendo en un restaurant de l'Ile Maurice en la Rue Daguerre (XIVème) y con los instrumentos típicos estaban tocando Moliendo Café.
a+

Vivan lo suficiente para encontrar al bueno. Protéjanse!!

Sean lo que quieran, pero protéjanse!

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